"Despido o despido improcedente"

domingo, febrero 21, 2010


Cuando mi padre vivía siempre me decía que en todo trabajo una persona debe cumplir con un patrón de personalidad concreto: la constancia: uno debe ser una persona constante y aplicada en su puesto; el respeto al prójimo: Se debe acatar las subordinaciones de un superior; el trabajo en equipo; hay que coordinarse y colaborar entre compañeros sin menospreciarse; y sobre todo la motivación: un estímulo con capacidad para mover a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación. Sin ella nada tendría sentido.

Pero en todo esto figura también el rol del superior, jefe o encargado en funciones. Suelen utilizar tantas estrategias de manipulación para lucro personal que ni ellos son consciente de sus actos.

Me refiero al uso desmesurado del poder de las palabras. La combinación de palabras y un gesto de cortesía constituye una buena técnica para conseguir del otro lo que en su mente tenía planeado. Ya no podemos hablar aquí de los medios de comunicación como agentes de manipulación.

Lo peor de todo esto es cuando averiguas que el peso de esas palabras no han sido más que una forma de manipulación para sacar del otro su máximo rendimiento laboral.
¡¡Qué injusticia, no !!

Por qué jugar con los sentimientos de las personas. Muchos dicen que es necesario y útil el tenerse que aprovechar de la inocencia y falta de experiencia de los demás para alcanzar un lucro.
Esto mismo le ha pasado a Antonio- el protagonista de este post- cuando averiguó por fuentes externas a su trabajo que no iba a ser contratado ( nunca lo estuvo porque lo tenían engañado) de nuevo porque según el criterio de su jefe carecía de profesionalidad.

¡Vaya mentecato!

O sea ,que mientras cumplía con su trabajo dejando siempre el listón lo más alto posible, sacando el máximo rendimiento a su potencial y procurando dejar su piel en todos los asuntos era elogiado como un gran profesional. Era una persona de gran confianza, un gran compañero y todo un ejemplo.

Esta son unas de las razones por las cuales la vida te da sorpresas.

O mejor dicho cuando la vida nos da limones es mejor hacer limonadas.

No se si mi padre en este caso estaría de acuerdo o no.

Si es verdad que aquél que hace mal a otras personas recibirá su recompensa.

Siempre hay que estar orgulloso de uno mismo y no lamentarse de nada. Lo que digan los demás carece de importancia salvo que sea de mayor peso.

A mi, personalmente nada me puede dañar, ni tan sólo unas palabras despectivas . Quizás mi experiencia laboral me ha enseñado a saber diferenciarlas.

Si la decisión de un subordinado es recurrir al despido, a pesar de los esfuerzos, por mejorar los ingresos del hotel me parece de lo más lógico. No obstante, tener que echarte a la calle para luego ser sustituidos por personal cualificado con un salario denigrante por no decir vergonzoso, si que es una.. .... bla, bla, bla.

Si a mi me pasara esto, a lo mismo lo pasaría mal porque no soportaría ser utilizado con afan de beneficio personal, sobre todo si hemos depositado nuestras ilusiones en un trabajo donde sacrificamos todo por el bien por la empresa para luego recibir nada a cambio.

Yo siempre he mantenido mi propia filosofía del trabajo. La de quedarnos con lo mejor de toda esta experiencia. La de haber ganado nuevos amigos/as .


3 comentarios:

Mª Dolores dijo...

Sí es verdad que situaciones como la que cuentas suceden frecuentemente. Más ahora con la tan traída y llevada crisis.Una excusa perfecta para jefes carroñeros.
Creo que lo importante, a pesar del sentimiento de impotencia que te debe quedar cuando te encuentras de patitas en la calle, es no olvidar quiénes somos y quizás si, quedarnos con lo mejor de todo. El resto ¿para qué?
Un saludo

MIGUEL ANGEL dijo...

Como tú bien dices María, a veces es mejor absorver lo bueno de esta experiencia y claro está ternerlo guardado para posteriores trabajos.

Alfonso dijo...

¿Te acuerdas de los negreros que esclavizaban a Kunta Kinte?
Ahora son los mismos, sólo que con otro collar.
Eso sí. Muy pulcros y limpios y de misa dominical.